PRESENTACIÓN DE LA OBRA DERECHO MERCANTIL EN HOMENAJE AL PROFESOR ALFREDO MORLES HERNÁNDEZ

El rector de la Universidad Católica Andrés Bello, en su carácter de anfitrión, y los rectores de la Universidad Central de Venezuela, Universidad de Los Andes y Universidad Monteávila; y el Presidente de la Academia de Ciencias Políticas y Sociales

Tienen el gusto de invitarle (s) a la presentación de la obra:

Derecho Mercantil (5 volúmenes)

en Homenaje al profesor:

ALFREDO MORLES HERNÁNDEZ

 

Lugar: Universidad Católica Andrés Bello

Auditorio de la Biblioteca

Jueves 24 de mayo de 2012

Hora: 10:30 am

 

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Discurso del Profesor Doctor Alfredo Morles Hernández en el acto de presentación del Libro Homenaje de la Universidad Católica Andrés Bello, de la Universidad Central de Venezuela, de la Universidad de Los Andes, de la Universidad Monteávila y de la Academia de Ciencias Políticas y Sociales, acto celebrado en el Auditorio de la Biblioteca de la Universidad Católica Andrés Bello, en Caracas, el día jueves 24 de mayo de 2012, a las 10.30 a.m.

 

Señoras y señores:

         Este acto de homenaje tiene tal importancia para mí, que como es natural, las palabras se hacen insuficientes para expresar la dimensión de mi gratitud. Gratitud hacia la Compañía de Jesús, hacia la Universidad Católica Andrés Bello y hacia las otras universidades participantes (la Universidad Central de Venezuela, la Universidad de los Andes, la Universidad Monte Ávila); hacia la Academia de Ciencias Políticas y Sociales; hacia mis colegas profesores e investigadores, tanto de Venezuela como del exterior, que enviaron colaboraciones para el Libro Homenaje; hacia el Profesor Dr. Jesús María Casal, Director del Instituto de Investigaciones Jurídicas y autor de la iniciativa del Libro Homenaje; hacia el Decano de la Facultad de Derecho de la UCAB, Profesor Dr. Juan Luis Modolell, promotor de la idea de que me fuera conferido el título de profesor emérito; hacia los integrantes de la Comisión Organizadora, Profesores Jesús María Casal, Carolina Pacheco, Astrid Uzcátegui, Julio Rodríguez Berrizbeitia, Pedro Planchart Pocaterra y Emilio Píriz Pérez. La Profesora Carolina Pacheco desempeñó tareas importantes de control y coordinación, con eficiencia y delicadeza; hacia los mecenas de una obra tan costosa, la Fundación BOD y la Fundación Mercantil; hacia el Profesor Emilio Píriz Pérez, Director de Publicaciones de la UCAB, quien no solo se esmeró en el complejo trabajo de hacer del libro una obra impresa digna, sino que tuvo a su cargo la delicada tarea de obtener recursos financieros, lo cual hizo con su reconocido tacto y circunspección; hacia la Profesora Dra. Astrid Uzcátegui Angulo, quien a lo largo de más de un año, con amor y constancia admirables, estuvo en contacto permanente con autores nacionales y extranjeros procurando que se respetaran las normas de publicación establecidas, a fin de que la obra mostrara la uniformidad propia de los mejores textos de esta naturaleza; hacia el Profesor Dr. Julio Rodríguez Berrizbeitia, jurista y filósofo, mi discípulo y sucesor en la cátedra, por su espléndido empeño en intentar hacerme creer en el valor de mi trabajo intelectual; hacia Irene de Valera, Directora Ejecutiva de la Academia de Ciencias Políticas y Sociales, por el apoyo y por el estímulo que brindó a la iniciativa del Libro Homenaje. Irene, hoy quebrantada de salud, está en nuestro recuerdo y en nuestras oraciones por su pronto restablecimiento; hacia Evelyn Barboza, Secretaria de la Academia de Ciencias Políticas y Sociales, por su incondicional y valiosa ayuda; hacia mi Asistente Mariana Moya, por su permanente disposición de colaborar; hacia el Consejo de Facultad de la Facultad de Derecho de la UCAB y hacia el Consejo Universitario de la UCAB por haber aprobado, unánimemente, que se me confiriera el título de profesor emérito de esta Universidad; hacia mis hijos, que han venido de muy lejos todos llenos de amor hacia su padre, para estar presentes en este acto; hacia mis hermanos y al resto de mi familia y de mis amigos aquí reunidos, por el estímulo que de todos ellos siempre he recibido.

         Quienes estamos aquí  formamos parte de una comunidad espiritual que ha estado guiada por valores y principios superiores que emanan de nuestra fe común. Inspirados en una de las enseñanzas universales de Santo Tomás de Aquino,  de que es necesario partir de las verdades racionales, lo cual nos permite distinguir entre razón y fe, entre filosofía y teología, hemos enseñado ciencia sin temor y practicado la fe sabiendo que ésta no sustituye  a  la razón. Se nos han propuesto caminos diversos y ha sido nuestro libre albedrío el factor determinante de nuestra decisión de andar por una ruta o por la otra. A veces no ha sido fácil la escogencia y es posible que nos hayamos equivocado muchas veces en nuestro deseo de servir, pero una cosa ha sido permanente y a ella hemos rendido tributo: el respeto a nuestros discípulos para que recibieran lo mejor de nuestra ciencia y arte; la solidaridad con nuestros colegas, para exaltar sus cualidades y estimular sus aptitudes; el respaldo a la sociedad en que actuamos para defender sus derechos y garantías; la condena inequívoca de la barbarie social y de la arbitrariedad del poder; la afirmación constante de que no hay ley sin justicia. En dos palabras, quienes hemos recorrido juntos la carrera docente o la investigación científica en la Universidad Católica Andrés Bello, hemos estado unidos por lazos que derivan de la enseñanza cristiana que recibimos y de la cultura cristiana que compartimos. Y lo hemos hecho con equilibrio, recibiendo y ofreciendo libertad para pensar y decidir.

         El azar ha querido que este acto de presentación de un Libro Homenaje y de otorgamiento de un título de profesor emérito, adquiera  un gran simbolismo y trascienda el ámbito propio al cual debía estar circunscrito: el de un reconocimiento, el de un agradecimiento y el de una discreta celebración.

         Tiene un gran simbolismo para la Universidad, para el Derecho y para la Democracia, instituciones bajo asedio de la barbarie.

         Tiene un gran simbolismo este acto para la Universidad, porque para ella la obra que hoy se presenta ha significado la oportunidad de mostrar la vitalidad de sus investigaciones y la superioridad intelectual de su pensamiento, lo que adquiere mayor relieve cuando se advierte que ello es producto de la autonomía, cuyo carácter de garantía institucional ha sido reconocido por nuestra doctrina constitucional, doctrina constitucional que tiene en los claustros de nuestras universidades  uno de sus pilares más sólidos.

         Proceso meritorio el de estas investigaciones, sobre todo si se considera, como ha afirmado recientemente un docente universitario destacado, que “En términos generales la universidad venezolana carece del ambiente académico que protege el cultivo de la vida intelectual. Es, de hecho, una institución académica en una sociedad no-intelectual –acentuado ello cuando los propios gobernantes asumen el anti-intelectualismo como un credo y especialmente cuando quienes gobiernan provienen de los cuadros militares, cuya postura intelectual es antinómica, por definición, a las necesidades académicas –estas últimas consideran dos elementos fundamentales e indispensables: la autonomía de las universidades y su correlato la libertad académica.”

         Tiene un gran simbolismo este acto para el Derecho, porque para los juristas que han enviado colaboraciones para el Libro Homenaje ha representado la ocasión de examinar el funcionamiento de instituciones y normas, pero también la de revalorizar los principios esenciales sobre los cuales ha sido construido el sistema de la justicia y de la virtud que es el ordenamiento jurídico. En tiempos en que, en correspondencia con el pensamiento marxista, al Derecho se le niega su condición de ciencia y se le atribuye una cualidad de subproducto cultural, pensamiento derivado, superestructura, que junto con la religión, deriva de la estructura única, la estructura económica; en tiempos en que la interpretación judicial del ordenamiento jurídico se adapta al cumplimiento de los fines totalitarios de un régimen despótico; en tiempos en que los jueces del sistema totalitario ponen de lado los recursos de la dialéctica, de la racionalidad  y del pensamiento lógico, en favor del triunfo de la ideología oficial; nuestros verdaderos juristas –es justo reconocerlo- han dado muestras de poseer una vasta cultura iusnaturalista y han tratado al Derecho como parte de un orden moral; y en tiempos de desvalorización de la Justicia, la cual ha sido colocada por algunos en un lugar y para una función ignominiosos, olvidando que la Justicia es, en palabras de Parménides, la guardiana de la puerta de la Noche y del Día, nuestros verdaderos juristas han levantado el estandarte de la dignidad, renunciando al triste papel de ser juristas de la mediocridad y del horror.

         Tiene un gran simbolismo este acto para la Democracia, porque más que para el homenajeado y para quienes organizaron el homenaje, expresa la solidaridad de todo el continente, desde la Universidad de Arizona en los Estados Unidos de América hasta la Universidad de Concepción en Chile y de países allende los mares,  como Portugal, España y Francia,  pasando por universidades de México, Costa Rica, Colombia, Brasil, Perú, Argentina y Uruguay, con un sistema civilizado de convivencia social, como es el ordenamiento jurídico venezolano plasmado en la Constitución, que incluye entre sus principios el respeto de la iniciativa privada y de las libertades económicas. Esas libertades que fueron plasmadas en el Código de Comercio de 1807 en Francia como consecuencia de la Revolución Francesa y que luego de trasladadas a Venezuela en 1862, han venido sorteando toda clase de amenazas, entre ellas la de la fraudulenta reforma constitucional rechazada en el glorioso referéndum popular de diciembre de 2007, amenazas que no han desaparecido. Y si me refiero a las libertades económicas y al Código de Comercio es por la sencilla razón de que estos han sido los instrumentos principales de mi enseñanza y de mi investigación desde 1972 en la Universidad Católica Andrés Bello.

         El Código de Comercio ha sido estimado justamente como representación del  pensamiento de una sociedad libre. En los países de América, en el contexto del repudio a las metrópolis coloniales  del siglo XIX, se produjo un rechazo al derecho heredado de la Colonia y tanto norteamericanos como iberoamericanos abominaron inicialmente el sistema jurídico recibido como legado. El propio Don Andrés Bello llegó a decir que en el acervo jurídico colonial había poco de aprovechable. Más tarde, nuestro sabio rectificaría. De todos es conocido como Don Andrés aprovecha el legado de la cultura jurídica española en la redacción de una de sus obras maestras, el Código Civil de Chile. En ese ambiente de repudio al pasado, el Código Civil francés de 1804, obra de La Ilustración,  apareció ante los legisladores venezolanos como un modelo que partiendo de  los principios de libertad, igualdad y fraternidad y del reconocimiento de la propiedad, reducía el derecho a la unidad, a tener una naturaleza estrictamente racional y a ser perdurable. El éxito del Código Civil francés fue fulminante y en algunos países se le puso en vigencia sin modificación alguna. Otro tanto ocurrió con el Código de Comercio francés de 1807, el instrumento que después que habían sido eliminados los privilegios consagró la libertad de todos los ciudadanos de ser parte en la vida económica (no eran otra cosa los actos de comercio); definió al comerciante como al que practicaba habitualmente actos de comercio, es decir, al que hacía del comercio su profesión; le asignó derechos y obligaciones y le atribuyó responsabilidades al sujeto que luego se llamaría empresario. El Código Civil y el Código de Comercio iniciaron en el siglo XIX, desde el punto de vista jurídico, la transformación de  la sociedad colonial venezolana (una sociedad entonces de vasallos y esclavos) en una sociedad republicana (una sociedad libre).

         Ahora estamos enfrentados a nuevas amenazas, entre las cuales se destaca la pretensión de separar a Venezuela del sistema interamericano de derechos humanos. Ya la Academia de Ciencias Políticas y Sociales, uno de los patrocinantes del Libro Homenaje,  se pronunció contra ese intento de violar la Constitución. Ya los docentes e investigadores de la UCAB y de otras universidades y organizaciones han salido en defensa de ese sistema de protección de los derechos humanos. Ya la comunidad universitaria se prepara para dar nuevas batallas por la libertad y por la democracia, porque la libertad y la democracia están íntimamente vinculadas con la dignidad humana y con el pensamiento cristiano. Al defender este patrimonio común, estaremos defendiendo la ciencia y los valores que aprendimos un día y la ciencia y los valores que enseñamos en esta Universidad. Para defender con racionalidad y con firmeza esos principios, afortunadamente ha tenido la Universidad Católica una dirección especialmente ilustrada y combativa en los últimos años. Al Rector  Luis Ugalde, licenciado en filosofía y letras, licenciado en teología, licenciado en sociología, especialista en historia económica y social de Venezuela, magister scientiarum y doctor en historia, le ha sucedido el Rector Francisco José Virtuoso, un jesuita no menos culto e ilustrado, no menos firme y sensato que Ugalde. Ellos han contribuido a  convertir esta casa de estudios en una referencia indispensable del pensamiento venezolano y de la dignidad ciudadana. La Facultad de Derecho de la UCAB, primero bajo la conducción del Decano Jesús María Casal y ahora bajo la dirección del Decano Juan Luis Modolell, ha estado presente en la defensa del sistema democrático, en forma activa y por medio de un pensamiento jurídico ilustrado. Desde las Academias Nacionales y desde otras Universidades han partido corrientes simultáneas que han fortalecido el movimiento de defensa de la libertad.

         Recibo con humildad los reconocimientos que se me hacen. Son desproporcionados con respecto al camino andado y a las tareas realizadas. Solamente puedo decir que la Universidad Católica Andrés Bello ha predicado –antes de que yo llegara a ella y mientras he estado en ella- los criterios que tan bien se resumen en la Encíclica Pacem in Terris sobre las relaciones entre los poderes públicos y los ciudadanos. Los criterios de la Encíclica Pacem in Terris  son criterios de los cuales no pueden apartarse las constituciones, las leyes o las decisiones judiciales. Los derechos humanos, los derechos económicos, los derechos de reunión y asociación, el derecho a intervenir en la vida pública, el derecho a la seguridad jurídica, el sometimiento de la autoridad al orden moral,  la congruencia de la ley con la recta razón, sin la cual se está frente a una ley injusta según Santo Tomás, la necesidad de que el régimen político sea una auténtica democracia, son valores que atribuyen legitimidad al orden jurídico, al sistema político y a las decisiones judiciales. Sin tal sustento, el sistema político carece de legitimidad cristiana y de cualquier otra legitimidad.  Los docentes y los investigadores, sobre todo del área jurídica, no podemos dejar de tener en cuenta tales criterios a la hora de valorar la idoneidad de las situaciones sometidas a nuestro examen. Yo, humildemente, he tratado de ser fiel a esas enseñanzas y a esas prácticas de la Universidad Católica Andrés Bello, que, afortunadamente, no son distintas a las de la Universidad Central de Venezuela, de la Universidad de Los Andes y de la Universidad Monte Ávila, patrocinantes todas del Libro Homenaje.

 

         Muchísimas gracias.